Prometieron protección total, pero la realidad era otra: cuando la publicidad juega con tu confianza
Durante la pandemia, muchas personas compraron productos buscando una sola cosa: protección. Protección para la familia, para el trabajo y para la tranquilidad mental. En ese contexto, cualquier mensaje que prometiera eliminar virus, bacterias y cuidar la salud tenía un impacto enorme en la decisión de compra.
La Resolución 39945 de 2025 de la Superintendencia de Industria y Comercio cuenta una historia que le puede pasar a cualquiera: una empresa ofreció un desinfectante asegurando que era “eficaz”, de “amplio espectro” y con un “efecto residual de hasta 72 horas”, pero no pudo demostrar que esas promesas fueran tan amplias como sonaban.
Lo que el ciudadano entendió al ver la publicidad
Para un ciudadano del común, leer que un producto elimina el **99,9 % de virus y bacterias**, que protege **por 72 horas** y que funciona **en cualquier tipo de superficie**, significa una cosa muy simple: que sirve para todo y contra todo.
No se trata de tecnicismos. Es sentido común. Cuando alguien paga por un producto con esas promesas, espera recibir exactamente eso.
Lo que realmente estaba probado
Al revisar el caso, la autoridad encontró que los estudios técnicos del producto solo demostraban efectividad frente a **algunas bacterias y microorganismos específicos**, y únicamente en **ciertas superficies** como vidrio, plástico y metal.
Sin embargo, la publicidad hablaba de **todas las superficies**, incluyendo cartón y madera, y de una protección casi absoluta frente a virus y bacterias.
Esa diferencia entre lo que se prometía y lo que realmente estaba comprobado es la que termina afectando al consumidor.
¿Por qué esto también es un problema de educación financiera?
Porque el ciudadano no solo paga dinero: paga confianza. Cuando una persona compra un producto creyendo que protege a su familia y esa promesa no es clara ni totalmente cierta, el daño no es solo económico, también es emocional.
La educación financiera también consiste en aprender a identificar cuando una promesa es demasiado grande para ser cierta y en no pagar por beneficios que no están claramente respaldados.
La consecuencia para la empresa… y la lección para ti
Por este tipo de publicidad, la empresa fue sancionada con una multa de **$76.218.960**, equivalente a **60 salarios mínimos**, por vulnerar las normas de protección al consumidor.
Pero más allá de la sanción, la verdadera enseñanza es para el ciudadano: cuando la publicidad exagera, el riesgo lo asume quien paga.
Mensaje final para el ciudadano
Si una empresa promete protección total, resultados absolutos o efectividad completa, pregunta, infórmate y desconfía de lo que no se explica con claridad. Y si sientes que te vendieron algo que no corresponde a la realidad, **acude a la autoridad de protección al consumidor**.
Cuidar tu dinero también es cuidar en qué crees y por qué pagas.
Fuente: Resolución 39945 de 2025 – Superintendencia de Industria y Comercio.
