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Vivir juntos no te hace dueño: una lección clave sobre coposesión y prescripción

En las clases de Derecho Civil, la prescripción adquisitiva suele presentarse como una figura sencilla: quien posee un bien durante cierto tiempo, puede llegar a convertirse en su dueño. Sin embargo, la realidad jurídica es mucho más compleja. La sentencia SC1836-2025 de la Corte Suprema de Justicia deja una enseñanza fundamental para los estudiantes: no toda posesión conduce a la propiedad, y la coposesión tiene límites muy claros.

¿Qué estaba en discusión en este caso?

El proceso giró alrededor de una acción de pertenencia mediante la cual una persona pretendía adquirir el dominio de un inmueble por prescripción adquisitiva. La demandante alegaba haber ejercido posesión prolongada sobre el bien, en el marco de una convivencia familiar.

Sin embargo, durante el proceso se evidenció que la ocupación del inmueble no había sido exclusiva, sino compartida con otros miembros de la familia, lo que llevó a la Corte a analizar la figura de la coposesión.

¿Qué es la coposesión?

La coposesión se presenta cuando dos o más personas ejercen actos de posesión sobre un mismo bien, sin que exista una exclusión clara entre ellas.

En estos casos, ninguno de los coposeedores puede presumirse dueño exclusivo, pues todos reconocen, de forma expresa o tácita, la posesión de los demás.

La regla central: el coposeedor no puede usucapir solo

La Corte Suprema fue clara: el tiempo de coposesión no sirve, por sí solo, para adquirir la propiedad por prescripción.

Para que un coposeedor pueda usucapir, debe demostrar una mutación posesoria, es decir, un cambio claro, público y verificable hacia una posesión exclusiva, opuesta a la de los demás coposeedores.

¿Basta con que el otro renuncie a la prescripción?

Otro punto clave del fallo es que la renuncia a la prescripción por parte de uno de los coposeedores no convierte automáticamente al otro en poseedor exclusivo.

La renuncia no sustituye la prueba de la posesión exclusiva ni elimina la necesidad de demostrar actos claros de señor y dueño.

Una advertencia importante para estudiantes

Este fallo advierte sobre un error frecuente: creer que la convivencia, el paso del tiempo o la cercanía familiar bastan para adquirir un inmueble.

El Derecho exige prueba clara, coherente y suficiente de la posesión exclusiva, especialmente cuando se trata de relaciones familiares o de confianza.

Conclusión: la prescripción no es automática

La sentencia SC1836-2025 deja una enseñanza contundente: vivir en un inmueble o compartirlo durante años no convierte automáticamente a alguien en su propietario.

Para los futuros abogados, comprender estas distinciones es esencial para evitar errores conceptuales y ejercer el Derecho con rigor y responsabilidad.

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