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Cuando incumplir no te favorece: una lección clave sobre cláusula resolutoria expresa

En los cursos de contratos, muchos estudiantes aprenden que cuando una de las partes incumple, la otra puede pedir la resolución del contrato. Sin embargo, no siempre se comprende que esa posibilidad tiene límites muy claros. La sentencia SC1741-2025 de la Corte Suprema de Justicia es una lección fundamental sobre hasta dónde llega la autonomía de la voluntad y por qué nadie puede beneficiarse de su propio incumplimiento.

¿Qué estaba en discusión en este caso?

El conflicto surgió en el marco de un contrato de tracto sucesivo que incluía una cláusula resolutoria expresa. Una de las partes incumplió sus obligaciones y, aun así, pretendía aprovechar esa cláusula para liberarse del contrato y obtener ventajas económicas.

El debate llegó hasta la Corte Suprema porque el tribunal había admitido esa posibilidad, interpretando que la cláusula resolutoria operaba automáticamente.

¿Qué es una cláusula resolutoria expresa?

La cláusula resolutoria expresa es un acuerdo mediante el cual las partes pactan que el contrato se terminará si ocurre un incumplimiento específico. A diferencia de la resolución judicial, no siempre requiere acudir a un juez para producir efectos.

Sin embargo, la Corte recordó que esta figura no puede analizarse de manera aislada ni mecánica. Su aplicación depende del contexto contractual y, sobre todo, del comportamiento de las partes.

La gran regla: nadie puede alegar su propio incumplimiento

El punto central de la sentencia es una regla básica del Derecho: nadie puede beneficiarse de su propio incumplimiento.

La Corte fue clara en señalar que la cláusula resolutoria expresa está diseñada para proteger a la parte cumplida, no para servir como escape a quien incumple sus obligaciones.

Contratos de tracto sucesivo y buena fe

En los contratos de tracto sucesivo, donde las obligaciones se cumplen de manera periódica o continuada, la buena fe juega un papel esencial.

La Corte explicó que permitir que el incumplido invoque la cláusula resolutoria rompería el equilibrio contractual y vaciaría de contenido el principio de buena fe.

¿Qué deben aprender los estudiantes de este fallo?

Esta sentencia enseña que las cláusulas contractuales no operan de forma automática ni desconectada de los principios jurídicos.

Para un estudiante, la lección es clara: antes de aplicar una figura contractual, hay que preguntarse quién incumplió, con qué finalidad existe la cláusula y si su aplicación respeta la buena fe.

Conclusión: más que una cláusula, una lección de Derecho

La sentencia SC1741-2025 recuerda que el Derecho contractual no es un juego de formalismos. Las reglas existen para proteger el cumplimiento, no para premiar al incumplido.

Comprender esto desde la etapa universitaria permite formar abogados más críticos, responsables y coherentes con los principios que sostienen el sistema jurídico.

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